CARILÓ (Enviado especial).- La diputada nacional Victoria Tolosa Paz pasa sus vacaciones de verano en Cariló, un destino que elige desde hace décadas y al que regresa cada año desde mediados de los años 70, cuando comenzó a veranear en la costa bonaerense siendo niña. Esta vez, el receso coincide con un escenario político en plena reconfiguración: con el calendario electoral en el horizonte y el gobierno de Javier Milei en el centro del debate, combina días de pausa con reflexión política y análisis del rumbo económico y social del país.
Acompañada por su pareja, Pepe Albistur -exsecretario de medios de los Kirchner- reparte sus jornadas entre el parador Hemingway y su casa de descanso, bautizada “Puerta de Hierro”.
Desde allí sigue de cerca la evolución del programa económico oficial y el impacto de las medidas en el empleo, los salarios y la actividad productiva. En su diagnóstico, la baja de la inflación -uno de los principales activos que exhibe el Gobierno- no alcanza para describir la situación real. Considera que existe una “ficción de estabilidad” que convive con un deterioro profundo en las condiciones de vida de amplios sectores y que, de no corregirse, puede derivar en nuevas tensiones sociales y económicas.
En el jardín de su residencia mientras se desarrolla la charla, la escena suma un elemento singular. Dos perros de gran porte, ejemplares de crestado rodesiano, se mueven alrededor. Se trata de una raza conocida históricamente como “cazadora de leones”, una referencia inevitable en un contexto en el que el propio Milei suele representarse —y a su espacio político— con esa figura. A diferencia del ataque frontal, estos perros se caracterizan por una estrategia basada en el trabajo en grupo, la observación y la capacidad de mantener a raya a su objetivo hasta reducir su margen de acción.
En diálogo con LA NACION, Tolosa Paz retoma esa lógica para describir el enfoque que, a su juicio, debería adoptar la oposición. Cuestiona la confrontación directa como única estrategia y sostiene que el principal error sería limitarse a esperar el desgaste del oficialismo. “Armar una alternativa política es una obligación”, afirma, y subraya que ese proceso no puede reducirse a una suma de sellos partidarios, sino que debe apoyarse en acuerdos programáticos claros.
La diputada es crítica del mensaje de “volver al pasado” como respuesta automática al malestar social. Reconoce que hubo períodos en los que amplios sectores mejoraron su calidad de vida, pero considera que ese argumento perdió eficacia electoral y capacidad de interpelación. A su entender, la sociedad no busca una restauración, sino una salida nueva, con orden fiscal, estabilidad macroeconómica y un horizonte de desarrollo que exceda tanto al actual oficialismo como a las experiencias previas.
También se refiere a la situación del peronismo y a la discusión por los liderazgos. Evita anticipar candidaturas y advierte que el foco debería estar puesto en el proyecto antes que en los nombres propios. En ese marco, señala que el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, tiene una oportunidad política relevante, aunque remarca que ninguna figura puede consolidarse sin un consenso más amplio.
El diagnóstico se completa con una mirada sobre los desafíos legislativos que vienen, entre ellos la reforma laboral, que considera necesaria para abordar el crecimiento sostenido de la informalidad. Tolosa Paz aclara que ese debate deberá darse desde una lógica distinta a la del oficialismo, sin afectar el sistema previsional y con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la población económicamente activa. Para la legisladora, la clave del escenario que se abre no será solo el desgaste del Gobierno, sino la capacidad de la oposición de articular una propuesta política que dé respuesta al deterioro social y económico que describe.
—¿Cómo ve hoy al gobierno de Milei y la situación del país, en un año que ya empieza a perfilarse como electoral?
—Creo que estamos ante un presidente que niega la realidad. Es una noticia: Maquiavelo ha muerto. Y lo que no ha muerto en la Argentina es la inestabilidad económica. Hay una ficción que nos quieren contar con el relato de la inflación como una de las variables que vino a atacar y que posiblemente pueda mostrar en los números que eso lo empieza a corregir, pero quienes tenemos algunos años en política entendemos que esta falsa realidad nos va a traer, en lo inmediato, una crisis muy profunda en materia de estabilidad laboral, salarios y competitividad. Nos preocupa cómo sostener una Argentina para 47 millones de personas. La inflación puede estar mejor que antes, y eso es así, pero es una gran ficción. Lo que asusta, incluso cuando lo escuchamos en Davos, es que no hay un presidente que mire la realidad y reconozca que el problema es más profundo y que requiere un plan económico serio, mucho más complejo que ir cada seis meses a pedirle dólares al FMI.
—En este contexto económico, ¿A quiénes ve hoy en condiciones de disputar políticamente el rumbo del Gobierno?
—Hay sectores que empiezan a admitir que el plan falla. Lo que vemos es que la gran mayoría del pueblo argentino vive peor desde la llegada de Milei. Eso se ve en la peor temporada de la costa bonaerense, en los industriales, en los 44.000 puestos de empleo registrados que se perdieron en la provincia de Buenos Aires. Todos esos indicadores muestran que el plan económico está fallando y se va a agudizar. El problema es que eso nos lleva a una falsa dicotomía: si esto está mal, entonces lo anterior estaba bien. No. Para ser una alternativa política se necesita una dirigencia que diga “esto está mal”, pero que no proponga volver al pasado como solución automática. El desafío es volver a conectar con la mayoría del pueblo argentino invitándolo a construir otro camino, distinto al pasado, con un orden fiscal, con orden en la balanza comercial y con un norte productivo claro.
—Plantea la necesidad de consensos más amplios. ¿Por dónde debería construirse esa alternativa?
—Creo que hay un sector de la dirigencia política que todavía la sociedad no ve, pero que está trabajando en la búsqueda de consensos por fuera de las categorías tradicionales: peronismo, radicalismo, socialismo o partidos provinciales. La pregunta es cuál es el consenso que nos une detrás de un imaginario común de país. Eso es parte de lo que se va a construir en 2026 para llegar a 2027 con una vía política sólida. El mensaje de “volvamos al pasado porque fue mejor” quedó obsoleto. Incluso para quienes vivieron mejoras entre 2003 y 2015, no puedo ofrecer eso como salida a la crisis que viene. La salida tiene que ser nueva, diferente.
—En ese camino de consensos, ¿el peronismo puede ser el eje o la herramienta electoral?
—Es probable que el PJ se rearme, pero no es lo único que nos ata para recomponer con el electorado. Cuando hablo con gobernadores que se oponen a Milei —algunos del peronismo, otros del radicalismo como Zamora o de FORJA como Melella— no aparece la discusión sobre si la herramienta va a ser el PJ u otro partido. Lo que prima son las ideas. ¿Estamos de acuerdo en que tiene que haber orden fiscal? ¿En que no hay desarrollo sin estabilidad macroeconómica? En esas charlas de café o de mate muchos gobernadores no están contentos con el plan económico de Milei. Están ganando tiempo para sumarse a un proyecto nacional que siente las bases de un consenso para el desarrollo.
—¿Cómo explica que Milei haya mantenido apoyo electoral incluso en medio de tensiones económicas?
—Hay una palabra que el pueblo argentino extrañó durante mucho tiempo y que se reflejó en las elecciones: estabilidad. Nadie quería que la Argentina volara por los aires un lunes. La dirigencia política tiene que escuchar esa señal. La gente quiere vivir con mayor tranquilidad. Milei no transmite estabilidad emocional, pero la promesa de estabilidad pesó. Países como Chile o Brasil lograron resolver la inflación. La Argentina necesita ese primer escalón: ser estable. Que no se discuta en un asado si la inflación es buena o mala. Eso ya debería estar resuelto, gobierne quien gobierne.
—Uno de los debates que viene es la reforma laboral. ¿Cree que es necesaria?
—Hay que discutir una reforma laboral, sin dudas. Tenemos que encontrarle el agujero al mate. La informalidad no dejó de crecer en los últimos 20 años y hablamos de derechos laborales cuando una gran parte de la población económicamente activa no conoce esos derechos porque no está registrada. No solo por el costo laboral, sino porque el mundo del trabajo cambió y las juventudes tienen otra relación con la estabilidad laboral. Ahora bien, esa discusión no puede hacerse desde el esquema que propone Javier Milei. Somos un grupo de diputados que estamos trabajando en una reforma laboral distinta, haciéndonos cargo de los problemas reales de la informalidad, de la jornada laboral y de cómo incorporar más trabajadores al sistema, pero alejándonos de cualquier intento de desfinanciar el sistema previsional. No vamos a convalidar mecanismos como ese 3% que plantea el Gobierno, que apunta a un esquema de capitalización asociado a la timba financiera. La reforma tiene que servir para mejorar las condiciones de vida de la población económicamente activa, garantizar aportes, derechos efectivos y dar respuestas concretas a una realidad que hoy está fuera del sistema. Esa discusión, de hecho, va a empezar a darse en el Congreso la semana que viene.
—Habló con Cristina Kirchner recientemente. ¿Cómo es hoy ese vínculo y qué mirada tiene sobre su situación judicial?
—Sí, hablé con Cristina después de que comenzara a cumplir la condena. Fue una charla muy buena sobre el presente y el futuro del país. Creo que ha sufrido persecución judicial, como otros grandes líderes de la región. Pero también creo, con mucho dolor, que hoy a la sociedad le preocupa más no llegar a fin de mes, no tener trabajo y vivir peor que hace 20 meses. Me niego a entrar en la trampa de la grieta moral que plantea Milei. No podemos construir una frente opositor desde la demonización permanente. Necesitamos diálogo, incluso con quienes piensan distinto.
—¿Ve a Axel Kicillof como un posible líder del peronismo?
—Veo a Axel Kicillof como un gobernador con una enorme oportunidad de transformarse en un líder de la alternativa política. Pero nunca nos hizo bien anticipar candidaturas. Primero discutamos el proyecto de país. Después el candidato o candidata aparece más rápido de lo que creemos. Lo difícil es construir el consenso entre quienes pensamos diferente.
—En lo personal, ¿cómo se ve de cara al futuro político?
—Nunca hice política en términos individuales. Siempre me pensé como parte de un proyecto colectivo. Estoy para trabajar en un equipo que se anime a discutir en serio qué Argentina queremos. Si después me toca representar esas ideas desde un lugar u otro, será en su momento. Pero no hago política para ocupar cargos, sino para resolver problemas.
—¿Qué mensaje le gustaría dejar al electorado?
—Estoy convencida de que 2026 va a ser un año bisagra en la construcción de una alternativa política. La Argentina va a salir con una fuerza que invite a la participación, que tenga realismo para reconocer los problemas y coraje para ejercer el poder cuando sea gobierno. Armar esa alternativa es una obligación, al menos para una generación que ya tiene experiencia, algunas canas, y ganas de hacerse cargo de la Argentina que viene.


