Cómo el agua se está convirtiendo en arma de guerra en el conflicto de Israel y EE.UU. contra IránCómo el agua se está convirtiendo en arma de guerra en el conflicto de Israel y EE.UU. contra Irán

Cómo el agua se está convirtiendo en arma de guerra en el conflicto de Israel y EE.UU. contra Irán

2026/03/17 14:54
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Las escenas que se ven en numerosas novelas y películas distópicas que presentan conflictos con la escasez de recursos naturales como telón de fondo podrían no estar tan alejadas de la realidad, especialmente ahora que se ha intensificado la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Como era de esperarse, el conflicto gira en parte en torno al petróleo, un recurso que ha estado vinculado desde hace mucho tiempo a la intervención occidental en la región.

Sin embargo, a medida que la guerra se expande e involucra a los países vecinos del Golfo, algunos analistas señalan que hay otro recurso vulnerable que se ha convertido en objetivo: el agua.

La región del Golfo alberga apenas el 2% de las reservas mundiales de agua dulce renovable y depende en gran medida de la desalinización; esto se debe, en particular, a las presiones que el auge de la industria petrolera —iniciado en la década de 1950— ejerció sobre la región, así como al impacto que dicho auge tuvo sobre sus limitadas reservas hídricas.

Según el Instituto Francés de Relaciones Internacionales, el 90% del agua que consume Kuwait proviene de la desalinización; este porcentaje es del 86% en Omán, del 70% en Arabia Saudita y del 42% en Emiratos Árabes Unidos (EAU).

“En 2021, el volumen total de producción de las plantas desalinizadoras que extraen agua del Golfo superó los 20 millones de metros cúbicos diarios, lo que equivale a llenar 8000 piscinas olímpicas cada día”, declaró Will Le Quesne, del Centro de Ciencias del Medio Ambiente, la Pesca y la Acuicultura de Omán, al programa Newsday del Servicio Mundial de la BBC.

La agricultura y la producción de alimentos también dependen del agua desalinizada en el Golfo, dado que las reservas de agua subterránea —que normalmente se utilizarían para el riego— se han agotado en toda la región.

Y esta dependencia convierte a la infraestructura hídrica en una vulnerabilidad estratégica que tanto Estados Unidos como Irán parecen dispuestos a explotar.

Los analistas describen el enfoque de Teherán como una “escalada horizontal”, que amplía el alcance del conflicto en lugar de enfrentarse directamente a Estados Unidos y a Israel.

Y atacar la infraestructura hídrica parece formar parte de la estrategia de Irán, aunque se presente como una medida de represalia.

“Si los gobiernos del Golfo creen que su infraestructura hídrica está bajo ataque, es más probable que presionen a Estados Unidos para intentar poner fin a la guerra”, afirma el profesor Marc Owen Jones, de la Universidad Northwestern en Qatar.

Los ataques de Irán tienen como objetivo “generar cierto nivel de pánico”, influyendo así en la decisión de los civiles de “quedarse o marcharse”.

Ataques

El lanzamiento de misiles por parte de Irán hacia el Golfo carece de precedentes, aunque su ataque deliberado contra infraestructuras hídricas sensibles parece mesurado en este momento

Bahréin ha acusado a Irán de atacar directamente una planta desalinizadora, mientras que Irán afirma que un ataque estadounidense previo dañó una instalación hídrica en la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz.

También se cree que los ataques iraníes contra el puerto de Jebel Ali, en Dubái, impactaron cerca de una de las plantas desalinizadoras más grandes del mundo.

Asimismo, se ha reportado un presunto incendio cerca de la Planta Independiente de Agua y Energía Fujairah F1, en EAU; las autoridades aseguran que dicha instalación sigue operativa. Según los informes, la planta Doha West de Kuwait también ha sufrido daños, aunque de manera indirecta, a consecuencia de ataques portuarios cercanos o de la caída de restos provenientes de ataques con drones.

“[Para Irán] esto es, más bien, un juego de señales”, le dijo al Servicio Mundial de la BBC el profesor Kaveh Madani, director del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud.

Irán también ha presentado cualquier acción emprendida como una respuesta “justificada” a los ataques dirigidos en su contra; concretamente, ha calificado los ataques en Bahréin como una represalia por el ataque estadounidense en la isla de Qeshm.

Cualquier ataque contra infraestructuras hídricas críticas pone de manifiesto la capacidad de Irán y hasta qué punto está dispuesto a llegar en respuesta a las acciones militares de Estados Unidos e Israel.

No obstante —sugiere Madani—, su poder reside en la amenaza de llevar a cabo ataques más sostenidos y selectivos contra el preciado suministro de agua del Golfo, y no constituye necesariamente un indicio de lo que Irán hará de forma definitiva en el futuro.

“El agua se ha utilizado [históricamente] siempre como arma para amenazar”, afirma.

Frenos

Impactos reportados en los estados del Golfo

Madani señala el Artículo 45 de la Convención de Ginebra como una posible razón detrás de la aparente cautela y contención de Teherán respecto a ataques más directos y evidentes contra las plantas de desalinización en el Golfo, así como de la presentación deliberada de sus propios ataques como actos de represalia.

“La ley estipula que no se puede atacar la infraestructura civil; sin embargo, [Irán] no fue quien comenzó. Eso es precisamente lo que se expresaba en la [publicación en redes sociales] de Abbas Araghchi”, afirma Madani, parafraseando las opiniones del viceministro de Asuntos Exteriores iraní.

Araghchi calificó el ataque a la isla de Qeshm como una “maniobra peligrosa con graves consecuencias... un crimen flagrante y desesperado” que había restringido el suministro de agua a varias aldeas.

Sean estos incidentes sostenidos o no, ponen de manifiesto la fragilidad de los Estados alineados con Estados Unidos en lo que respecta a la seguridad hídrica.

Irán también es vulnerable, aunque Madani señala que su suministro de agua está más diversificado que el de sus vecinos del Golfo y, por tanto, depende en menor medida de la desalinización.

Impactos confirmados en Irán

No obstante, otros observadores advierten que cualquier ataque contra la infraestructura hídrica crítica en el Golfo perpetrado por Irán, podría provocar ataques de represalia contra su propia infraestructura.

Desde hace algún tiempo, Irán se ha ido acercando a una situación de “escasez hídrica absoluta”.

Las lluvias escasas, las “fugas de agua provocadas por la infraestructura hídrica centenaria de la capital” y la guerra de 12 días librada el año pasado contra Israel han contribuido, en conjunto, a la escasez, según declaró el ministro de Energía, Abbas Aliabadi.

Las presas de todo el país se encuentran ya en un “estado preocupante”, según Ahmad Vazifeh, del Centro Nacional de Irán para la Gestión de Crisis Climáticas y de Sequía. Los principales acuíferos están sobreexplotados, ríos como el Zayandeh Rud han mermado su caudal y el lago Urmía se ha reducido drásticamente.

Décadas de construcción de presas, una agricultura intensiva en el uso del agua y una gestión deficiente han agravado la situación, según ecologistas como Fred Pearce. En algunas regiones, la extracción de aguas subterráneas también ha provocado graves hundimientos del terreno.

Las autoridades han llegado incluso a advertir que Teherán podría enfrentarse, en algún momento, a medidas de racionamiento o a una evacuación parcial.

Crisis ambiental

Irán enfrentaba una sequía severa incluso antes de la actual guerra con Estados Unidos e Israel

Según algunos investigadores, esto constituye una amenaza tanto medioambiental como para la seguridad nacional, que afecta la estabilidad interna y la resiliencia económica de Irán; una situación que se ha visto agravada por semanas de intenso conflicto con Estados Unidos e Israel.

Antes de la guerra, la escasez de agua ya había contribuido al malestar interno en Irán, donde las protestas en Juzestán, Isfahán y otras regiones se sumaron a quejas más amplias relacionadas con el costo de la vida y el clima político.

Los desafíos hídricos de Irán también se entrecruzan con las tensiones regionales. El país mantiene disputas de larga data con Afganistán por el río Helmand, con Turquía por las presas en el Tigris y el Éufrates, y con Irak por las vías fluviales compartidas.

Según los analistas, la guerra está poniendo de manifiesto la fragilidad que han alcanzado los sistemas hídricos de Medio Oriente, así como la influencia que estos podrían ejercer sobre el rumbo y la duración del conflicto.

Las presiones medioambientales se suman ahora a los riesgos de escalada, situándose a la par de factores como las reservas de petróleo y gas.

Los futuros conflictos en la región podrían verse determinados no solo por oleoductos y buques cisterna, sino también por ríos, acuíferos y plantas desalinizadoras. Al fin y al cabo, en este conflicto —y más allá de él—, el agua podría resultar ser más densa que el petróleo.

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