La Grazia: Paolo Sorrentino seduce con una película emotiva, sagaz y con un brillante protagónicoLa Grazia: Paolo Sorrentino seduce con una película emotiva, sagaz y con un brillante protagónico

La Grazia: Paolo Sorrentino seduce con una película emotiva, sagaz y con un brillante protagónico

2026/03/19 11:01
Lectura de 4 min
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La Grazia: La belleza de la duda (La Grazia, Italia/2025). Guión y dirección: Paolo Sorrentino. Fotografía: Daria D’Antonio. Edición: Cristiano Travaglioli. Elenco: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Marigliano, Giuseppe Gaiani, Linda Messerklinger y Vasco Mirandola. Duración: 133 minutos. Calificación: . Nuestra opinión: muy buena.

“¿A quién pertenecen nuestros días?”: Mariano De Santis, el ficticio presidente de la República Italiana (un cargo diferente al de primer ministro, que hoy ocupa Giorgia Meloni) interpretado por Toni Servillo en La Grazia, lanza la pregunta como un dardo envenenado.

Y después de atravesar con dignidad el breve pero intenso período de su vida en el que lo acompañamos a través de esta entrañable película de Paolo Sorrentino, termina encontrando una respuesta categórica: “Son nuestros -le dice convencido a una periodista de la famosa revista Vogue que lo adula e intenta seducirlo-. Pero paradójicamente una vida entera no es suficiente para comprenderlo”.

A lo largo de dos horas, seguimos palmo a palmo tanto las tediosas rutinas con las que debe lidiar De Santis por puro protocolo como los dilemas morales que enfrenta en el último tramo de su mandato. Para lo primero tiene tanta paciencia como elegancia. Para los desafíos que involucran su ética, un estricto sentido de la justicia y un gran respeto por sus convicciones.

Estudia con calma y seriedad dos indultos a personas que ya fueron condenadas por la justicia italiana y la aprobación de una ley de eutanasia que incomoda su relación con un exótico Papa negro que lleva rastas y conduce un scooter. Y lo maneja con notable equilibrio. “Quería contar la historia de un político tal como me gustaría que fueran los políticos”, ha explicado Sorrentino en la época del estreno oficial de la película en el Festival de Venecia, donde Servillo se llevó la Copa Volpi que premia al mejor actor de cada edición. Es en buena parte gracias al talento y la sensibilidad de este gran actor napolitano que podemos sentir una gran cercanía con un personaje que esencialmente busca iluminar aquello que, presume, da valor a la existencia.

La Grazia de Paolo Sorrentino

Como explicita el título elegido por los distribuidores argentinos, la “gracia” a la que refiere la película es “la belleza de la duda”. De Santis es la antítesis de los enardecidos líderes del populismo de ultraderecha actual, un político moderado de la Democracia Cristiana en el que muchos medios italianos han encontrado características similares a las del actual Presidente de la República Italiana, el siciliano Sergio Mattarella. Alguien que no vive orientado solamente por sus certezas y que sufre como una tortura no tener a su lado al gran amor de su vida, a pesar de que también siga tan obsesionado con una infidelidad como para lanzar acusaciones equivocadas. Cuando finalmente se entera de la verdad, De Santis no opta por la venganza, sino por la serenidad y la nobleza.

La Grazia es una película decididamente romántica. De las menos barrocas y operísticas de la trayectoria de Sorrentino (considerado más de una vez por la prensa especializada de su país como un digno sucesor de Federico Fellini), aborda el amor en sus diferentes facetas -el de pareja, el paternal, el filial e incluso el que requieren los buenos vínculos amistosos- y lo reconoce como condición indispensable para mantener la vitalidad, una idea extravagante para esta convulsionada época, marcada por el odio, el cinismo y la violencia.

Sin renunciar por completo a la extravagancia (De Santis es también fan del rapero Guè, que aparece en un breve y simpático cameo, por citar apenas una prueba de ese espíritu juguetón), el director que se hizo famoso internacionalmente con el suceso de La grande bellezza (2013, ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera, el Globo de Oro y el BAFTA) nos muestra su perfil más reflexivo. Y nos recuerda que los días nos pertenecen, sí, pero también que aprovecharlos implica tener el valor de elegir.

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