La actual configuración de las ciudades mexicanas se ha convertido en una trampa de “pobreza de tiempo” para millones de personas que cuidan, acompañan, alimentan y trasladan a sus hijos, adultos mayores o familiares enfermos.
De acuerdo con un informe elaborado por la Fundación Friedrich Naumann México y Noubi Advisors, el problema se intensifica en zonas periféricas, como la Ciudad de México. Según el estudio, los traslados pueden ser entre 25 y 60% más largos en comparación con las colonias centrales.
“El tiempo es un recurso escaso para todas las personas, pero es aún mayor la presión para quienes cuidan. Cuando hablamos de personas cuidadoras, desde la perspectiva económica, la característica más importante es que viven en pobreza de tiempo”, comentó Fátima Masse, cofundadora de Noubi Advisors.
El estudio reveló que este trabajo no remunerado equivale al 26.3% del Producto Interno Bruto de México. A pesar de su relevancia, su ejecución depende en gran medida de la infraestructura urbana disponible, un factor que suele jugar en contra dentro de las ciudades mexicanas.
Más allá de lo físico o lo económico, las ciudades actuales consumen tiempo de quienes cuidan, lo que convierte al diseño urbano en un factor determinante de desigualdad.
Noubi identificó que las personas cuidadoras experimentan un patrón emocional marcado por la frustración, la vergüenza social, el agotamiento y la rabia. Estas emociones surgen de la acumulación de pequeñas carencias cotidianas en la infraestructura urbana.
“Lo que piden van desde unos segundos más en el semáforo, un barandal bien puesto, hasta un estacionamiento cerca. La ciudad no falla en un punto grande, sino en muchos puntos pequeños, todos los días, para las mismas personas”, se lee en el informe.
El estudio remarca que llevar a cabo intervenciones que reduzcan 10% del tiempo en las tareas de cuidados se podría traducir en un beneficio social de 179,280 millones de pesos anuales.
Paola Vázquez, coordinadora de Sociedad en Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), expuso que el sistema de cuidados en México refleja desigualdades que afectan principalmente a las mujeres.
Cabe destacar que, según el Inegi, hay 31.7 millones de personas que realizan trabajo de cuidados en el país, de las cuales 76% son mujeres. Ellas dedican 12 horas semanales más a estas tareas en comparación con los hombres.
Esta condición incide en sus decisiones económicas, así como en su acceso, permanencia y crecimiento dentro del mercado laboral.
“La planeación urbana con enfoque de cuidados es también una manera de fomentar la autonomía femenina. Pensar en una forma de reestructurar las ciudades y la movilidad es también darle un poco de tiempo a quienes cuidan”, afirmó.
La falta de especialización en la planeación urbana dentro de los organismos del Estado agrava este escenario, de acuerdo con Javier de la Fuente, consultor urbano.
El experto remarcó que existe un problema sistemático en los gobiernos de todos los niveles: “Los políticos no han entendido el papel que los técnicos y las decisiones basadas en datos tienen”.
Por su parte, Vázquez remarcó que el avance hacia un modelo urbano más equitativo requiere la asignación de presupuesto, ya que, si el tema no está dentro de la agenda política con recursos, no tendrá soluciones reales.
Los especialistas coincidieron en la necesidad de replantear el diseño de las ciudades desde una perspectiva de cuidados. Calles, transporte, vialidades y espacios públicos deben dejar de pensarse bajo la lógica de un usuario estándar masculino en plenitud, para responder a las necesidades del sistema de cuidados: mujeres, personas con alguna discapacidad, adultos mayores, niños, entre otros.
