La perfumería de autor —también llamada de nicho— se refiere a fragancias concebidas como una obra con firma creativa. En entrevista con El Economista, Ramón Monegal lo explica así: el proceso no empieza con una tendencia ni con un perfil de consumidor, sino con un concepto. "Intento siempre interpretar conceptos", dijo. A partir de esa idea, el perfumista define una imagen, decide qué quiere activar y construye el perfume por capas: acordes que se conectan, evolucionan y sostienen una narrativa en la piel.
En este segmento, el perfume se vive como experiencia de viaje: se descubre en boutiques especializadas, se prueba sin prisa y se compara por evolución. Explicó que el consumidor busca un "recuerdo" distinto, como el que dejan ciertas ciudades: en aeropuertos, museos y hoteles, un olor que se asocia a un lobby, a una cena o a una caminata nocturna. Para Monegal, esa búsqueda tiene que ver con identidad.
La fragancia no se elige solo por el primer impacto, sino por lo que cuenta después de horas", dijo Monegal.
¿Qué cambia en la perfumería de autor? Monegal señala dos puntos:
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Matador, de Ramón Monegal: frasco rosa y una estructura por acordes frutales, florales, amaderados y almizclados, con cuero, incienso, ámbar.
Matador es el ejemplo reciente con el que Monegal aterriza esa definición. El nombre, explica, no debe leerse de forma literal. "No es el matador como el asesino de toros". Para él, el matador es un icono de seducción: una figura que avanza con seguridad, va erguida, asume el duelo y suele salir ganadora. Esa idea guía el proyecto completo, incluido el enfoque sin género.
La seducción no tiene género", afirma: es una herramienta social que se practica desde distintos códigos.
El relato también está en el frasco. Monegal lo presenta en rosa porque lo entiende como la decoloración del rojo. El rojo, dice, es el color usado para engañar al toro; el rosa aparece cuando ese rojo se oculta. La propuesta visual se conecta con su definición de seducción como juego de mostrar y ocultar, con un componente de provocación.
Explicó que en lo olfativo, Matador se construye como una "pócima" de acordes seductores. El bloque floral integra rosa, jazmín, magnolia y lilas. Monegal lo justifica con una idea simple: las flores huelen para atraer. A ello suma un cóctel de almizcles, al que atribuye un efecto feromónico y, sobre todo, duración en piel.
El mundo no necesita más seguidores, necesita líderes. Seducir es una forma de liderar. Es la invitación a vivir con intensidad, a desafiar lo establecido, a romper las normas, a dejar huella, a no seguir el camino sino a trazarlo. Es la metáfora del éxito capaz de transformar el riesgo en belleza", mencionó Ramón Monegal.
El acorde amaderado reúne cedro, sándalo y raíz de iris. En su lectura, aporta seguridad y sensación de protección, sin asignarlo a un género. La nota de cuero está presente para dar porte y presencia, pero no domina la fórmula.
Monegal enfatizó que la decisión que marca el giro del perfume es el acorde afrutado. Matador incorpora pera, coco, fruta de la pasión, pomelo, albaricoque y melocotón. Monegal explica por qué: lo esperado sería un cuero protagonista; él elige fruta para comunicar coraje, energía y osadía, y para dialogar con códigos actuales, incluidas generaciones jóvenes.
La composición se completa con especias como comino y koumalactone; un registro solemne con incienso y olíbano; y un fondo ambarado con ámbar y ambroxan, que redondea y fija. En conjunto, Matador aplica el método de la perfumería de autor: una idea cultural traducida a estructura, evolución y memoria personal.


