Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump señaló que EU se hará cargo del petróleo de Venezuela.Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump señaló que EU se hará cargo del petróleo de Venezuela.

Trump quiere el petróleo de Venezuela: ¿Qué puede aprender del caso Pemex en México y de Petrobras?

El petróleo volvió al centro del tablero geopolítico. Tras la captura de Nicolás Maduro, Donald Trump busca apoderarse del petróleo de Venezuela con el argumento de que Estados Unidos “construyó” la industria petrolera venezolana y que ahora pretende “recuperarla”.

De esa manera, el presidente de EU pretende adueñarse del petróleo de Venezuela e incluso Trump presiona a petroleras como Chevron, Exxon Mobil y ConocoPhillips para invertir en el país encabezado ahora por Delcy Rodríguez, la presidenta encargada tras la deposición de Nicolás Maduro.

Los dichos del presidente de EU encendieron las alertas diplomáticas y revivieron una discusión histórica en América Latina: ¿Qué ocurre cuando un país nacionaliza su petróleo y hasta dónde llega el derecho del Estado frente a la inversión privada extranjera?

En ese debate, el caso mexicano y Pemex aparece como un referente inevitable. La expropiación petrolera de 1938 y la creación de Petróleos Mexicanos marcaron un antes y un después en la relación entre recursos naturales, política y desarrollo económico. No fue un camino lineal ni exento de costos.

De acuerdo con Skip York, en The Conversation, la experiencia de México, junto con la de Brasil, ofrece claves para entender por qué el petróleo no es solo una mercancía, sino una herramienta de poder que puede fortalecer o debilitar a un país según cómo se gestione.

Venezuela tiene la mayor cantidad de reservas probadas de petróleo, pero cuanta también con oleoductos dañados y refinerías obsoletas.

Trump y el petróleo de Venezuela: el origen del conflicto

Donald Trump asegura que Venezuela “tomó” el petróleo estadounidense cuando nacionalizó su industria en 1976 y profundizó ese control bajo el gobierno de Hugo Chávez en 2007. Sin embargo, de acuerdo con The Conversation, esa narrativa simplifica la historia.

Desde principios del siglo XX, empresas estadounidenses y europeas fueron claves en el desarrollo petrolero venezolano. Invirtieron capital, tecnología e infraestructura, pero nunca fueron dueñas legales del subsuelo. Venezuela, como otros países, mantuvo la propiedad de sus reservas y otorgó concesiones con plazos definidos.

La ambigüedad de esos contratos alimentó tensiones que desembocaron en la nacionalización petrolera.

Nacionalización petrolera: ¿Qué implica realmente?

La nacionalización petrolera transfiere el control de la industria al Estado, ya sea mediante expropiaciones, renegociación de contratos o mayor participación pública en proyectos existentes. Según Skip York, el objetivo suele ser ampliar los beneficios sociales, fortalecer la seguridad energética y financiar al Estado.

El problema surge cuando esos objetivos desplazan la inversión, la reinversión y la eficiencia operativa. En Venezuela, parte de los ingresos petroleros se destinó a gasto social y político, reduciendo la capacidad de mantenimiento y expansión de la industria.

El resultado fue una caída sostenida de la producción de petróleo de Venezuela, que pasó de más de 3 millones de barriles diarios en 2002 a cerca de 665 mil en 2021. Aunque hubo una leve recuperación hacia 2025, el deterioro estructural persiste.

El caso de México: Pemex y la expropiación petrolera de 1938

Hace casi 90 años, en 1938, México fue pionero en la región. El presidente Lázaro Cárdenas expropió los activos de 17 empresas extranjeras y creó Pemex.

Aunque México sí compensó a las empresas afectadas, el proceso tensó relaciones diplomáticas y aisló al país del capital y la tecnología internacional durante décadas.

La creación de Petróleos Mexicanos tuvo costos. La falta de inversión, la caída de grandes yacimientos y decisiones políticas poco sostenibles provocaron que la producción, que alcanzó su pico en 2004, iniciara un declive persistente. Hoy, Pemex es una carga financiera. Petróleos Mexicanos produce menos de la mitad de lo que producía hace dos décadas.

La experiencia muestra que la soberanía energética puede fortalecerse en el plano político, pero debilitarse en el productivo si no hay reinversión ni apertura tecnológica.

Petrobras, el contraste en la producción de petróleo en Brasil

Unos 15 años después de la creación de Pemex, Brasil puso en marcha a Petrobras como empresa estatal. 44 años después los brasileños reformaron su marco energético: El Estado mantuvo el control, pero abrió la puerta a inversión, tecnología y experiencia internacional del capital privado.

Brasil creó Petrobras en 1953 y reformó su marco energético para permitir asociaciones con capital privado.

El resultado fue contundente. Según Skip York, la producción de petróleo en Brasil se cuadruplicó en menos de 30 años, impulsada por proyectos de aguas profundas en colaboración con empresas como Shell, ExxonMobil y TotalEnergies.

“Este modelo híbrido muestra que el control estatal no es incompatible con eficiencia y crecimiento, siempre que existan reglas claras y estabilidad institucional”, señala el autor.

Tras captura de Nicolás Maduro, Venezuela vive el desafío de reconstruir su industria petrolera

Tras la captura de Nicolás Maduro, el depuesto presidente de Venezuela y su esposa, Cilia Flores, enfrentan cargos de narcoterrorismo en Estados Unidos y en medio de las presiones de Donald Trump, Venezuela enfrenta una industria petrolera deteriorada por años de mala gestión, corrupción y sanciones internacionales.

Si bien Venezuela tiene la mayor cantidad de reservas probadas de petróleo, el país también tiene oleoductos dañados, refinerías obsoletas y litigios pendientes que complican cualquier intento de recuperación.

Mientras Patrick Pouyanné, director general de TotalEnergies, señaló que elevar la producción petrolera de Venezuela costaría 100 mil millones de dólares, Skip York estima que devolver la producción venezolana a niveles históricos podría costar más de 180 mil millones de dólares.

Aquí es donde el caso mexicano cobra relevancia. La historia de Pemex muestra que sin reglas claras, reinversión y autonomía técnica, una empresa estatal puede convertirse en una carga fiscal y política.

¿Qué puede aprender Trump del caso Pemex?

La principal lección es histórica y legal. Invertir no equivale a poseer. Ni en México ni en Venezuela las empresas privadas fueron dueñas del petróleo, solo operadoras temporales.

La segunda lección es económica. La soberanía energética no se impone con discursos ni con control militar, sino con instituciones sólidas, marcos legales creíbles y modelos que equilibren control estatal e inversión privada.

Finalmente, el petróleo no es botín ni trofeo. Es un activo estratégico que, mal gestionado, puede convertirse en una maldición. México lo aprendió con Pemex; Brasil lo corrigió a tiempo; Venezuela enfrenta el reto.

Con información de The Conversation.

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